miércoles, 29 de julio de 2009


Claridad

Mientras subo en ascensor cierro los ojos.
¿Yo soy este hombre?
¿Esto hice de mí?
Encerrado en esta caja
de metal y de madera,
ya no me amparan
ni los pasos presurosos
ni el laborioso vértigo del día.
Un hombre sin rumbo
marcha hacia lo alto;
carga portafolio,
mi nombre lo atormenta.
El espejo no refleja: lo denuncia;
atrás quedan los pisos,
abrazos que no di,
puertas perdidas
y cada vez más cerca
las palabras que golpean,
la miseria que sembré,
lo que sé y ya nada aparta
mientras sube el ascensor,
disipa la penumbra
y los ojos con que no miro
todo lo pueden ver.

Santiago Kovadloff


En la imagen: el enorme Daniel Auteuil en el film El adversario ("L'adversaire"), dirigido por Nicole García.

lunes, 27 de julio de 2009

Un conte de Noël, de Arnaud Desplechin


Esta película se estrenó en Argentina con el incómodo título El primer día del resto de nuestras vidas, que prefiero no utilizar.


Milan Kundera escribió alguna vez que “la vida parece un boceto”, un texto en un cuaderno borrador que no puede corregirse, porque no hay posibilidad de reescritura ni existe un modelo perfecto con el cual comparar lo que esbozamos. Cada día ensayamos partes de una obra que nunca veremos representada en su totalidad. Intentamos aprender de los errores, claro, pero con demasiada frecuencia olvidamos la letra. Y entonces hay que volver a empezar.

Arnaud Desplechin piensa el cine como si fuera el borrador de una película que nunca será. Como si la computadora se hubiera colgado antes de que el editor pudiera guardar los cambios definitivos, la película incluye todas las desprolijidades de lo que sería una primera prueba de montaje. Cual adolescente virgen que debuta en un rodaje, el director se divierte tanteando los efectos de luz, los desencuadres, el falso raccord, la pantalla dividida, la animación, las imágenes congeladas e incluso el cierre en iris, ese círculo ancestral que cada tanto amenaza con devorar la pantalla y dejarnos a oscuras. Es como volver al origen, a la tosquedad de los pioneros del cine, cuando el ímpetu importaba más que la pertinencia dramática, cuando todavía todo era ansiedad y no se sabía qué era lo clásico y qué lo moderno, y una película podía ser apenas una serie de apuntes desperdigados en un papel (la leyenda cuenta que Griffith anotaba sus ideas en pequeños machetes que luego ocultaba debajo de su sombrero). Desplechin no descubre el cine (¿o sí?), pero adora tanto la vida que en su entusiasmo primitivo parecería volver a descubrir el encanto de la realidad.


La familia Vuillard se reencuentra para festejar la Navidad, si bien la excusa de fondo es que mamá Junon (Catherine Deneuve) está enferma y necesita que alguien cercano oficie de donante. Eso es todo lo que diremos sobre el conflicto, que por otra parte no se puede resumir en pocas líneas. Un conte de Noël es un relato que sólo se aprecia si galopamos a la par de sus saltos, entre sus flecos desparejos y esas raras piruetas anímicas que rechazan fervientemente la tristeza, aunque la muerte sea la protagonista de casi todas las escenas. Hay mucho humor negro, melancolía y tragedia. Están los fantasmas de los que no están. Está la pregunta por lo que pudo haber sido y no fue. Algo así como Frank Capra vampirizado por Alain Resnais. Pero es papá Vuillard (Jean-Paul Roussillon) quien insiste: sufrir no tiene sentido. Por eso la narración nunca se arrepiente y avanza deprisa, inquieta, atropellada, como buscando una revelación en el plano por venir. "La única libertad que nos queda es la apuesta", dice un personaje por allí. Es absurdo detenerse en el lamento y pretender tachar lo que no nos gusta del boceto: usemos esas ganas para darnos un abrazo. Perdonar. Comprender. Y recomenzar.

En el film cada plano es apenas el tallito de otra cosa que germinará en otro lado. La vida como un árbol inabarcable, como el membrillo de Víctor Erice que el pintor jamás podrá emular en la tela, porque hay una verdad que siempre se fuga junto con el tiempo. Tal vez la diferencia entre la vida y el arte no sea más que una fracción de segundo: ese instante en el que uno decide entre permanecer o continuar. Esperar o crear. Llorar o reír. O estas dos cosas a la vez, como sólo sucede en un brindis emocionado. Cine espumante que invita a la catarsis feliz. De eso se trata esta película. Y de cómo asumir la certeza de que así como amanecemos cada mañana, también podríamos no despertar.

Porque no todo en la vida es sueño. La vida es un conjunto de células que un virus destroza mientras carcome el organismo. Un porcentaje de probabilidades esgrimidas en un diagnóstico médico. Un transplante realizado a tiempo. Al film no le tiembla el pulso a la hora de denunciar la crueldad biológica y llevarla a la imagen: el cáncer a través del microscopio, las estadísticas heladas en la pizarra, la médula en un aséptico envase. Es más fácil y más "poético" creer que la vida es "una ilusión, una sombra, una ficción"... pero Desplechin no es Calderón. Primero está el cuerpo, con sus debilidades, sus hartazgos, los reproches de la sangre. El cuerpo se cobra venganza y decide a su arbitrio quién le resulta compatible y quién no. Otra vez el cuerpo en su contundente materialidad se presenta como un tema central del cine contemporáneo.


Como también es un tema clave la familia, ese ente cada vez más esquivo a los conceptos ya probados. “La desmesura, la locura, la violencia de esta nueva estructura familiar ha alcanzado límites que no imaginaba. Estamos en medio de un mito, y no sé de qué mito se trata”. Esto le confiesa Henri (Mathieu Amalric) en su carta a su hermana Elizabeth (Anne Consigny), aunque es evidente que la cuestión excede a los Vuillard y apunta a la familia en la actualidad, y por qué no al mito de la humanidad toda como esa gran familia alguna vez soñada por las utopías de la Razón. Ya lo comentábamos hace un tiempo al reseñar el anterior trabajo del director, Reyes y reina: hemos puesto todo patas para arriba y es hora de hacerse cargo. Y los sueños serán sueños, pero no olvidemos que somos responsables de lo que soñamos (Lacan dixit).



Como ocurre con Martel, con Haneke, con Van Sant, Desplechin es de esos autores que con su estética nos confirma que cuando miramos en realidad vemos muy poco, no sólo a escala social sino en lo más íntimo, en el hogar y entre los nuestros. El francés es más vitalista y más amable que los directores mencionados y, si bien intenta como ellos cuestionar nuestra pasividad ante el mundo, su cine evita abofetearnos y se contenta con propinarnos un dulce chas, chas en la colita. “Hay gente que gasta excesiva energía en parecer normal”, señalaba el siempre lúcido Albert Camus, y esa frase no se aplica a los Vuillard sino a nosotros, que nos enfermamos de tan empeñados que estamos en fingir el equilibrio. Los habitantes de Un conte de Noël bien podrían calificar entre los personajes más libres y auténticos de la historia del cine. ¿Locos? Para nada. Tan solo son excepcionalmente francos.

domingo, 26 de julio de 2009

Destiempo

Nuestro entusiasmo alentaba

a estos dias que corren
entre la multitud

de la igualdad de los días.
Nuestra debilidad cifraba en ellos
nuestra última esperanza.
Pensábamos
y el tiempo
que no tendría precio
se nos iba pasando pobremente
y estos son, pues, los años venideros.

Todo lo íbamos a resolver ahora.
Teníamos la vida por delante.
Lo mejor era no precipitarse.

Enrique Lihn

lunes, 20 de julio de 2009

If I could make a wish
I think I’d pass
Can’t think of anything I need
No cigarettes, no sleep,
no light, no sound
Nothing to eat, no books to read
Making love with you
has left me peaceful warm inside
What more could I ask
There’s nothing left to be desired


Simply Red
("The air that I breathe")

domingo, 19 de julio de 2009

En plena lectura...

“Para entonces el cielo se había teñido de un azul oscuro e intenso, con una franja roja que atravesaba el horizonte. Qué belleza tan extraordinaria hay en todo el mundo, pensé. A uno no le quedaba más remedio que preguntarse si se debía a la existencia de un dios o si simplemente era el aspecto que lucían los millones y millones de años de absoluta arbitrariedad. ¿O simplemente es lo que piensa uno cuando está feliz a las cuatro de la madrugada?”

David Gilmour"Cineclub"



Estoy en plena lectura de este precioso libro que hace días alguien me regaló (¡gracias!). "Cineclub" es mucho más que un recorrido nostálgico por la historia el cine: en el fondo, se trata de narrar lo difícil y apasionante que resulta para un hombre observar cómo su hijo comienza a descubrir el mundo.

Ya volveremos sobre el libro. Pero no quería dejar de compartir esta frase con la que desperté al domingo.

jueves, 16 de julio de 2009

Un curioso ciclo... para alunizar

40 años en la Luna

En nuestra ciudad, por fortuna, pueden encontrarse ciclos de cine de todo tipo y color. A veces aparecen algunos particularmente simpáticos, como el que organizó el Centro Cultural Rojas para celebrar el 40º aniversario de la hazaña de Neil Amstrong y los suyos. Hay muchos títulos que no he visto, así que será cuestión de ponerse el traje espacial y salir a explorar. Y me encanta la idea de ir el viernes 31 a la “Gala Lunar”, en donde proyectarán el emblemático corto de George Méliès con música en vivo. Houston, ¡nos vemos en el cine!

Viernes 10, 17, 24 y 31 de Julio
Lunes 20, martes 21 y 28 de Julio
Centro Cultural Ricardo Rojas (Av. Corrientes 2038)
Sala Batato Barea - Entrada gratuita

Coordinador: Raúl Manrupe


Viernes 10 - 24 hs
Sueños tempranos:
La mujer en la Luna (Fritz Lang, 1929) + Cortos espaciales de Segundo de Chomón (España, 1909)

Viernes 17 - 24 hs
Especulación y delirio inglés:
Los primeros hombres en la Luna (Nathan Juran, 1964) + El piloto de la serie Cosmos 1999 (1975)

Lunes 20 - 19 hs - Función especial.
Viaje a la Luna (Irving Pitchel, 1950) - Precedido del estreno mundial de Cincuenta años en la Luna (Mariano Santilli, 2009).

Martes 21 - 19 hs
Marte los martes
Robinson Crusoe en Marte (Byron Haskin, 1964)

Viernes 24 - 24 hs
Teorías conspirativas
Capricornio Uno (Peter Hyams,1978). - Precedido del documental Algo gracioso pasó camino a la Luna (Winfield Sibrel, 2001,

Martes 28 - 19 hs
Epopeya científico espacial
La conquista del espacio (EE.UU., 120 min aprox.) Documental de la NASA.

Viernes 31 - 24 hs
"Gala Lunar" - Material y presentación especial de Fernando Martín Peña.
Música en vivo conducida por Matías Mango.
Viaje a la Luna (George Meliès, 1908) + Material super 8mm de consumo familiar con documentales de la década del 60 sobre la carrera espacial.

Ir a la información completa del ciclo.

miércoles, 15 de julio de 2009

Fuerzas contrarias

“Si nuestra época ha alcanzado una interminable fuerza de destrucción, hay que hacer la revolución que cree una interminable fuerza de creación, que fortalezca los recuerdos, que precise los sueños, que corporice las imágenes”.

Juan Goytisolo


Frase pronunciada por el escritor en Notre Musique, hermoso film-ensayo-manifiesto de Jean-Luc Godard.

martes, 14 de julio de 2009

Cuentos que no son cuento, de Adam Shankman *

Cuentos que no son cuento(Bedtime stories, EE.UU., 2008)
Dirección: Adam Shankman

Editada en dvd por Gativideo

Saber contar un cuento a un chico antes de que se vaya a dormir es todo un arte. Hay que elegir la historia apropiada, narrarla con tacto y atajar las posibles preguntas del infante, si es que uno logra capturar su atención. Sobre todo, hay que tener una enorme paciencia, virtud que no es precisamente la que mejor se lleva con el cuerpo siempre hiperquinético de Adam Sandler. En Cuentos que no son cuento, el actor interpreta a un loser que debe cuidar a sus dos pequeños sobrinos durante una semana. Al no tener un televisor a mano (?), el tío los entretiene con historias que se le ocurren en el momento, para descubrir muy pronto que esas situaciones inventadas se trasladarán a su vida concreta. Que hasta lo más fantástico en esos relatos se transforma en realidad. Consciente de tal situación y víctima de una injusticia laboral –y familiar–, intentará hacer que el poder mágico de las palabras juegue a su favor.

Al igual que en la recientemente estrenada Corazón de tinta, la gracia del film reside en el enroque entre fantasía y realidad. El problema principal es que ese vaivén fragmenta y dispersa a tal punto los relatos imaginarios que termina vaciándolos de interés o emoción. En la trama tampoco funcionan los pálidos personajes secundarios (Keri Russell, Guy Pearce, Courtney Cox), ni se aprovechan ciertas ideas que alentarían a pensar por qué los adultos de hoy no saben honrar la tradición del cuento oral. Por su parte, el director Adam Shankman se distrae con detalles nimios de impacto ultraprobado (¡pongamos un enano violento!), sin preocuparse demasiado por la fluidez narrativa del conjunto.

Sandler decidió ser coproductor de esta modesta comedia familiar de Disney tras la desaforada No te metas con Zohan, el trabajo con mayor incorrección política de toda su carrera. El ex "Saturday Night Live" parecería buscar ahora el equilibrio justo entre su indudable carisma paternal y su –quizás más lucrativa– veta sarcástica y escatológica. No lo consigue: o luce desatado al extremo de la saturación (dos materias más y se recibe de Jim Carrey), o se repliega desganado y encoge los hombros con cara de querer estar en otro lado. El guión esquizoide tiene parte de la culpa en esta desorientación, porque apuesta todas las fichas a la elasticidad de Sandler, pero jamás deja en claro a qué tipo de público pretende apuntar.


*Artículo publicado previamente en el diario Crítica (05/02/09)

Eso que falta

Tenemos debilidades.
Estamos convencidos de que nadie puede cambiar el propio bagaje. Tratamos con astucia de transformar en valores las debilidades. Pero, ¿y si en el bagaje falta justamente la astucia?”

Cesare Pavese

lunes, 13 de julio de 2009

El ocaso de los dioses

No hay nadie en la calle,
en los ruidos húmedos,
en el vuelo de las hojas
y mis pasos quieren reiniciar
las maderas de la adolescencia.

Pero todo está abandonado,
no hay nada que pueda favorecernos;
ningún aire de inconsciencia,
ningún reino de libertad.
Sólo hábitos tolerantes
haciendo crujir nuestra memoria.
"Ha estado bien", decimos.

Dueños del incendio, de la bondad del crepúsculo,
de nuestro hacer, de nuestra música,
del único amor incoherente;
soberanos de esa calle donde los tactos y la impresión
hicieron su universo.

Las sombras acarician aún sus veredas,
tu mismo nombre y tu gesto son una forma nocturna
que en esa constelación crece
y sabe enrostrar nuestra culpa.

Y todo termina con una esperanza, con una dilación
–"ha estado bien"–, o en un bostezo, o en otro
lugar donde es menester el coraje.

Paco Urondo

jueves, 9 de julio de 2009

"Nuestro oficio"

Por Leonardo Favio *

Quien nace cineasta viene con una urgencia: utilizar o fabricar imágenes para testimoniar la Historia, transmitir el asombro, los sueños, la poesía.


Esto no es nuevo, siempre fue así... El narrador que nos precedió, el más remoto, se ahonda en el misterio de los tiempos. Lo hizo Dios como herramienta para contar su obra, la creación , la vida.

Yo diría que la primera proyección la provocó la estela errante de una estrella y el primer narrador fue ese lejano padre que al verla transcurrir le transmitió el asombro de esa maravilla a su circunstancial compañero con un gesto, porque aún no se había afinado la palabra.

Pasado el tiempo hilvanó el sonido y le dijo estrella a la estrella y narró su caída, y al fuego, fuego, y describió para asustarnos el Infierno y suavizó el sonido y le narró la vida y le brotó algún canto y les contó de las flores, del amor y sus frutos.


Día a día fue mejorando la técnica de la fascinación y el asombro y dijo: “Yo quiero que no se acabe el hombre” y lo raspó en la piedra y pasaron los tiempos y trazó su aventura en las cuevas de Altamira pero no le bastó, y con los siglos dibujó la palabra y la incrustó en la arcilla.

Es así como hoy permanecen nuestros remotos sueños y los dioses que fueron. Los imperios nacidos “para siempre” y que hoy son arena... ése es nuestro oficio...


Testimoniar el llanto, testimoniar la Historia, cantarle a la pasión, a la poesía: ser memoria.


* Este texto aparece en el prólogo del libro Sin renunciamientos. El cine según Leonardo Favio, de Hugo Biondi, un recorrido devoto por la obra del director que reúne información, curiosidades y entrevistas a muchas de las personas que lo conocen o trabajaron con él. (Editorial Corregidor).

miércoles, 8 de julio de 2009

El acto y la cosa

“Cualquier cosa puede ser un instrumento, dijo Chigurh. Cosas pequeñas, cosas en las que uno no se fija. Pasan de mano en mano. La gente no presta atención. Y un buen día se pasan cuentas. Y a partir de entonces ya nada es igual. Bueno, piensa uno. Es solo una moneda. Por ejemplo. Nada especial. ¿De qué podría ser instrumento? Ese es el problema. Disociar el acto de la cosa. Como si los elementos de cierto momento de la historia pudieran intercambiarse con los de otro momento distinto. ¿Cómo es posible? Vaya, si es solo una moneda. Sí. Es verdad. ¿No?”

Cormac McCarthy – No es país para viejos


El dibujo de Anton Chigurh pertenece a Juarez Ricci.
Solicitud de empleo

He militado largamente
en oscurísimos recintos
de donde traigo una batalla
que no se termina nunca.
Estoy en guerra casi todo el tiempo
y espero que me gane una paloma.

La verdad es que también sirvo
para desordenarlo todo.
Con qué cuidado precipito
planillas en la primavera,
y alterando sensatos equilibrios
me dan lo mismo números que grillos.

No faltaría a la modestia
si dijera que siempre estuve
muy dotada para el olvido.
Guardo volúmenes de ausencia,
antologías de temblor marchito,
catálogos de dudas y neblinas.

He trabajado anteriormente
en invisibles oficinas
llenas de crisis apiladas
y documentos vegetales,
donde los pájaros me habilitaron
con un diploma de mirarlos siempre.

Diré también para abreviar
que estudio lágrimas modernas
y pienso publicar un libro
de suspiros cuando me muera,
y que tengo por todo patrimonio
un montón de relámpago vigente.

Todos estos antecedentes
animan a solicitar
que me permitas ocuparme
en derrumbar sobre tus manos
la dulzura que pongo inútilmente
sobre manteles de confiterías.

Quiero por fin tener empleo
de suavísima permanencia
adentro de tu corazón,
coser con lágrimas y arrimo
toda fatalidad que te amenace
con botones caídos o desgracias.

Quiero servirte de costumbre
y que utilices lo que soy
para fundar una sonrisa
o ceremonias con pañuelos,
o para siempre, o para lo que quieras,
desde un copo de nieve hasta el amor.

María Elena Walsh

lunes, 6 de julio de 2009

Y nosotros creíamos...

Que Julianne Moore, en Safe, estaba loca y exageraba con los síntomas.

En estos días de cuarentena, nada mejor que descubrir o volver a ver esta extraordinaria película de 1995, dirigida por Todd Haynes.

Para poner en el CV

“En Estados Unidos hay una cosa que se valora en los empleos: el lastre cero. Se llama a una persona de lastre cero a aquella que no tiene raíces, que tiene pareja pero no está enamorada, que no tiene hijos o los tiene distanciados, que tiene una formación pero no es una formación muy vocacional. Es un mundo ligero y volátil, propenso a desvanecerse”.

Vicente Verdú
(En una interesante entrevista publicada en la revista "Ñ" del último sábado).


La pintura es de René Magritte

sábado, 4 de julio de 2009

Optimismo o esperanza

Por Zigmunt Bauman *

“No soy optimista pero tengo esperanza. Hay una diferencia entre el optimismo y la esperanza. El optimista analiza la situación, hace un diagnóstico y dice: hay un 25% de posibilidades. Yo no digo eso, sino que tengo esperanza en la razón y la conciencia humanas, en la decencia.

La humanidad ha estado muchas veces en crisis, ésta no es la primera. Y siempre hemos resuelto los problemas. Estoy bastante seguro de que se resolverá, antes o después. La única verdadera preocupación es cuántas víctimas caerán antes de lograrlo. No hay razones sólidas para ser optimista. Ésta es nuestra plegaria. No soy un profeta. Si perdemos la esperanza será el fin, pero Dios nos libre de perder la esperanza. Todo parece contraproducente, sólo hay que abrir el periódico y leer las carnicerías en Irak, los muertos en Kosovo, etcétera. Los Estados Unidos dicen que introducen la democracia y la libertad en Irak, y el resultado es más odio, más antagonismo, más muerte, la guerra civil, la limpieza étnica.

La sociología me ha enseñado ciertas habilidades pero no la de la profecía. Como dice mi amigo Leszek Kolakowski, el filósofo polaco, la futurología es una ciencia de charlatanes, porque el futuro por definición no existe, y no se puede hacer una ciencia de algo que no existe. No podemos predecir científicamente el futuro. Podemos calcular los riesgos que conlleva la creación de una comunidad mundial y vemos que los riesgos son enormes, pero la esperanza es menos racional que el cálculo de riesgos. El cálculo nos puede llevar a la inactividad si los riesgos son demasiado elevados, pero la esperanza actúa y no pierde la energía aun cuando las probabilidades y los problemas sean muchos”.


* Fragmento de una entrevista publicada en el diario Crítica (08-06-09). Los destacados son míos. Ir al artículo completo.

(Gracias, Andrés, por marcarme esta nota).

jueves, 2 de julio de 2009

Especie

Sin querer
la vi llegar
su vibrante luz
encarnada en ilusión

Es la especie
que nos une
un salto mortal
para que la vida continúe
en muchas sumas de placer

Y que dure
lo que dure
lo real
y que dure
lo que dure
la ficción

¿Es que acaso te sorprende
que sea así por siempre?

Hoy la tarde está increíble
y quiero embellecerte más
aún

Gustavo Cerati


En la imagen: Ethan Hawke y Julie Delpy en la insuperable Antes del amanecer (Before sunrise), de Richard Linklater.

miércoles, 1 de julio de 2009