miércoles, 29 de abril de 2009

Ciclo Avi Mograbi en la Sala Lugones

En coincidencia con el estreno local (también en la sala Tita Merello) del film Z32, la Sala Leopoldo Lugones programó una retrospectiva de la interesantísima obra de Avi Mograbi.


Escribe Jean-Louis Comolli: “De film en film, Avi Mograbi, cineasta israelí, construye una obra sin paralelo en el cine mundial. Obrar, abrir. Cuatro películas hechas de ecos y rebotes, como una fuga musical: Cómo aprendí a vencer el miedo y a amar a Arik Sharon (1997), Feliz cumpleaños Sr. Mograbi (1999), Agosto, antes de la explosión (2002) y Venganza por uno de mis dos ojos (2005). Cada película en el presente de la situación política y militar en Israel, pero también en el presente afectivo, es decir a la vez comprometido y distanciado, del hogar Mograbi, lugar de debate político y de la casa Mograbi, pequeña empresa familiar de producción cinematográfica”. (Cahiers du Cinéma, noviembre 2005).

Recomiendo especialmente la película Venganza por uno de mis dos ojos (Nekam Achat Mishtey Eynay; Israel/Francia, 2005).

Escribe Quintín: “Mientras Mograbi, que reúne las condiciones de gran cineasta y apasionado militante, aguarda la inminente prisión de su hijo que se niega -como él lo hizo en su momento- a servir en un ejército de ocupación y trata de mantener la esperanza en la razón y el diálogo, la película le descubre al espectador las vergonzosas aristas del fanatismo y sus consecuencias: el abuso sobre los débiles, la apología de la brutalidad, la pedagogía del odio y la ceguera frente a las contradicciones que precipitan a Israel hacia un abismo. El film es la contracara de las lágrimas de cocodrilo de los extremistas que los medios se encargaron irresponsablemente de transmitir al mundo durante el reciente desmantelamiento de las colonias de Gaza” (Catálogo del DocBsAs/05).


Proyecciones:
Venganza por uno de mis dos ojos
Sábado 2 y domingo 3 de mayo, a las 14.30 y 17.
Lunes 4 de mayo, a las 14.30, 17, 19.30 y 22.

Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Avda. Corrientes 1530)


Ir a la programación completa

Ya no

Ya no será,
ya no viviremos juntos,

no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa,

no te tendré de noche
no te besaré al irme,

nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca
ni si era de verdad lo que dijiste que era,
ni quién fuiste, ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido vivir juntos,
querernos, esperarnos, estar.

Ya no soy más que yo para siempre y tú
Ya no serás para mí más que tú.
Ya no estás en un día futuro
no sabré dónde vives, con quién
ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca como esa noche, nunca.
No volveré a tocarte. No te veré morir.

Idea Vilariño


(1920 – 2009)

martes, 28 de abril de 2009

Only to be with you...

I have climbed highest mountain
I have run through the fields
Only to be with you
Only to be with you

I have run
I have crawled
I have scaled these city walls
These city walls
Only to be with you

But I still haven’t found what I’m looking for

U2


En la imagen: Emile Hirsch en Into The Wild (“Hacia rutas salvajes”), luminosa película dirigida por Sean Penn.

lunes, 27 de abril de 2009

NUEVO CURSO: Mayo - Junio de 2009

- Tengo los ojos mojados. ¿Qué quieren que haga con mis ojos? ¿Cómo debo mirar?
- Tú te preguntas cómo debes mirar. Yo me pregunto cómo debo vivir. Es lo mismo.


(Monica Vitti y Richard Harris en El desierto rojo, de Michelangelo Antonioni)


CLAVES del CINE CONTEMPORÁNEO
Un nuevo acercamiento al Lenguaje del Cine

A cargo de Carolina Giudici

Comienza el 11 de mayo / Lunes de 19:00 a 21:00 / Duración: 6 clases / Lugar: ESPACIO Y (Mansilla 2982 - PB)

Con estos encuentros nos proponemos continuar y profundizar el camino iniciado en el curso de Introducción al Lenguaje del Cine, haciendo foco esta vez en un grupo de directores representativos del universo fílmico actual. Nuestro objetivo es entrenar y pulir una mirada crítica capaz de pensar y cuestionar el mundo contemporáneo a partir de la reflexión artística.

Algunos temas a desarrollar:


- El cine después de Matrix: el discurso fílmico en la era digital. La estética de fin de siglo. El lugar del arte frente al imperio de la televisión.
- El relato posmoderno: estructuras, circularidad, fragmentación, alienación, reciclaje de géneros, autoconciencia. (Gus Van Sant, Michel Gondry, Hnos. Coen, Julio Medem, Krzystof Kieslowski).
- El placer del laberinto: la lógica delirante de David Lynch.
- Violencia, tecnología y vida cotidiana: la “nueva carne” en David Cronenberg y el realismo nihilista de Michael Haneke.
- Escrituras del yo. Subjetividad, memoria y política: Nanni Moretti - Albertina Carri.
- La riqueza del nuevo cine oriental: barroco (Wong Kar-Wai), minimalismo (Tsai Ming-Liang), bizarro (Kim Ki-duk), fantástico (Bong Joon-ho).
- Las puertas de la percepción. Desafiando los límites de la imagen: el estilo radical en Lucrecia Martel, Lars von Trier y Jaime Rosales.


En todas las reuniones se proyectarán fragmentos de películas de los realizadores arriba mencionados y de muchos otros; a partir de ellos ahondaremos en los conceptos de puesta en escena, montaje, ritmo, sonido, uso de la música, evolución y funcionamiento de los géneros, estilos de actuación, encuadre, fuera de campo, composición plástica, fotografía, tiempo y espacio fílmicos, diégesis, narración, punto de vista, símbolos, lectura interpretativa, identificación de los rasgos de autor y el trabajo receptivo del espectador.

El curso se acompañará con la lectura de artículos de Doménec Font, Pascal Bonitzer, Silvia Schwarzböck, Olivier Mongin y Stéphane Bouquet, entre otros.


Inicio del curso: lunes 11 de mayo (hasta el 29 de junio). Todos los lunes de 19 a 21 hs. Son 6 clases.

Lugar: ESPACIO Y (Mansilla 2982, PB - Ciudad de Buenos Aires).


Arancel único: 150 pesos (las vacantes son limitadas y se reservan únicamente con inscripción previa).

Para inscripción y consultas pueden llamar a "Espacio Y" al 4962-9402.
E-mail: datosparacaro@yahoo.com.ar

domingo, 26 de abril de 2009

Los "otros"

Por Horacio Cecchi *

(Fragmento)

"Ocurrió a fin de octubre pasado. Un chico también de 14 (esa edad de la imputabilidad) mató a otro de 13 (edad por ahora de la inocencia). En La Plata. Ambos vivían o pasaban buena parte del día en la calle. En pocas palabras, no eran de los “nuestros” sino de los “otros”. ¿Alguien escuchó o leyó algo sobre alguna marcha exigiendo mano dura contra el delincuente? La víctima no fue víctima porque nadie la designó como tal, aunque tuvo el mismo final que Capristo. Y el que cometió el delito no fue nombrado delincuente o asesino como el chico de 14 del caso Capristo porque nadie sabe que existe. Y a pocos parece interesarle".



* Artículo publicado en Página/12 (26-04-09). Ir al texto completo.

viernes, 24 de abril de 2009

Los monstruos

Por Reynaldo Sietecase *

(Extractos)

(...)

Esta semana tuve la oportunidad de hablar con media docena de chicos detenidos en un instituto de la provincia de Buenos Aires. La mayoría carga, por lo menos, con un homicidio. Algunos de los que lean esta nota dirán: no son chicos, son monstruos. Y ahora que todos discuten qué hacer con ellos –en el peor momento: en medio de una campaña electoral y después de un crimen brutal– es una buena ocasión para contar cómo son esos monstruos.

Todos provienen de familias quebradas. Padres separados, ausentes del hogar, muertos o detenidos. Dos de ellos ni siquiera llegaron a conocer a sus progenitores. En algunos casos tienen tíos, hermanos o primos que son adictos y están volcados al delito. Todos dejaron la escuela de muy chicos. Empezaron a vivir en la calle, se sumaron a grupos o banditas. Al principio, algún familiar intentó rescatarlos, hasta los forzaron a volver, pero ellos “no le daban cabida”. A lo sumo, regresaban por unos días y nada más.

No habían terminado el colegio primario y ya tenían una pistola en las manos. En eso también coinciden: es muy sencillo hacerse de un arma en la villa. Y con un arma “no le tenés miedo a nada”. Como hace años que están detenidos no conocieron el boom del paco, pero consumieron pastillas, porros y cocaína. Otras formas de la evasión y la locura.

Unos dicen que robaban para vivir o para ayudar a sus familias. Otros para tener plata o porque les gustaba. En principio no querían matar, se ponen serios cuando hablan “del hecho” que los llevó a prisión, pero la mayoría asegura que no dudó en disparar cuando se sintió en peligro. “Si el señor de Lanús lo mataba al pibe, nadie se iba a preocupar”, se quejó uno de ellos. El más monstruo de todos, me dirán. También dispararon sin mirar y recibieron balazos. A uno le falta un pulmón y otro tiene dos tiros en las piernas.

(...)

Los monstruos creen que en sus barrios de infancia, donde la pobreza manda, es difícil sacarle el cuerpo a la violencia y a la desgracia. Dicen que si pudiesen salir del instituto deberían mudarse. En el mismo escenario repetirían las escenas que los llevaron al encierro. Saben que encontrar un trabajo les será muy difícil, pero aseguran que tienen que poder.
La mayoría está de novio o en pareja. Son unos pendejos pero ya tienen hijos. No quieren “desaparecer” de sus vidas como hicieron sus padres con ellos. Es del único sitio que no quieren huir. Esperan que sus hijos nunca los imiten. “Que sean legales, que vayan a la escuela, que estén con la mamá”. Eso dicen.

Saben lo que discute la sociedad. Saben de la bronca que hay por las muertes innecesarias que provocan otros chicos como ellos. Pero están en contra de que se baje la edad de imputabilidad y tampoco acuerdan con el régimen penal para menores. “No hay que encerrar a un pibe de 14 años porque saldrá peor. Además, esto se va a llenar de pibitos”, afirman.

Contra lo que pensaba antes de ir a verlos, hablan sin parar. Pero, ¿a quién le importa lo que piensa un monstruo?



* Artículo publicado en el diario Crítica (23-04-09). Ir al texto completo
Estados de ánimo

A veces me siento
como un águila en el aire

(de una canción de Pablo Milanés)


Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas

unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano

a veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas

pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones

una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces

sereno en mi confianza
confiado en que una tarde
te acerques y te mires
te mires al mirarme.

Mario Benedetti

miércoles, 22 de abril de 2009

Entre los muros, de Laurent Cantet



“La política es un conflicto sobre la configuración del mundo sensible en la que pueden aparecer los actores y los objetos de esos conflictos. La política es entonces esa práctica de excepción que permite ver aquello que no se ve, oír lo que no se oye y contar lo que no se cuenta”. (1)

Jacques Ranciére


Entre los muros (Entre les murs) es una película política. Desde ya que toda película lo es, aun la más inconsciente, pero tanto más estimulante es la obra cuando su ideología se transmuta en una forma bella, un gesto sincero, un discurso inteligente y sutil, sin necesidad de vociferar preceptos reveladores ni taclear al espectador con arengas melosas. Aunque no tenga respuestas ni soluciones, Laurent Cantet sabe cómo formular preguntas para hacerlas calar hondo. Es un artista que cree en el Hombre, y desde ese lugar se ilusiona y se angustia. Toda su obra, moderna de corazón, está propulsada por el sentido primigenio, clásico -y hoy tan olvidado- de la política, aquel que implica pensar las condiciones de construcción de una vida en común. Ni más ni menos.


Es llamativo ver cómo la campaña de difusión de Entre los muros enfatizó la "vocación documental" del film, al señalar que los intérpretes fueron no profesionales, empezando por el docente protagonista, que escribió el libro original y colaboró con Cantet en el guión. También se remarcó la premisa de concentrar toda la acción en la escuela, emulando el formato de "estudio de caso" propio de la observación antropológica (como en el cine de Frederick Wiseman), mientras que la cámara en mano inquieta indicaría que quien mira se deja guiar por los hechos tal como ocurren en su fluir real, a la caza de escenas que luzcan tensas, pintorescas y, ante todo, espontáneas. Claro que esta impresión naturalista no es más que otro precioso encantamiento del arte, el gran truco de lo verídico con el que juega Cantet: se queda al margen fingiendo que no interviene y sólo registra, como si fuera la lógica del objeto la que decide por él, cuando en verdad se trata de un relato personal, perfectamente calibrado y planificado, desde los cruciales debates entre profesores hasta el más imperceptible gruñido de un alumno aburrido. Es gracias a un extraordinario trabajo de montaje que el milimétrico diseño de la puesta puede ocultar su artificio bajo la apariencia del azar. Partiendo de esta técnica esencial, aglutinando las partículas elementales de ese inabarcable universo que es la educación, el autor entrega un mapa riquísimo para pensar nuestra época. No hay atajos en el mapa, solo infinitos caminos que se entrecruzan o se bifurcan. Pero la dirección es una sola: hacia adelante.

“Creo que podría mejorar sustancialmente el hombre si nos preocupáramos en satisfacer lo que muchos creen sus exigencias fundamentales: la exigencia de identidad, la exigencia de orientación, la exigencia de tender un puente entre la trascendencia y la bestialidad”. “Los cambios se producirán a partir de las renovaciones ‘intelectuales', del descubrimiento de nuevos valores, de la apropiación de modelos culturales que hemos de aportar y oponer a los esquemas tradicionales. La historia nos enseña que los cambios siguen a los nuevos modos de pensar, no los preceden, como parecen creer muchos ‘revolucionarios'”. (2)

Roberto Rossellini

Entre los muros es una máquina de fabricar dilemas. Intentaré resumir algunos de sus puntos más interesantes:


La clase. Estamos en un colegio de París. Las escenas dentro del aula son las más fragmentadas, ya que no parece haber situación más ajena al famoso plano-contraplano que el caos de una clase; incluso cuando el docente intenta sostener un diálogo con un único alumno, siempre hay otras reacciones paralelas (réplicas, burlas, quejas) que hacen estallar ese templado código del montaje clásico. Asistimos entonces a una sucesión de imágenes breves, curiosas, ansiosas por pintar un mural en continua ebullición. Si en algún momento nos sentimos cansados no es porque el relato genere tedio, sino que con ese agitado vaivén la cámara logra transmitir cuán agotador es para un maestro retener el orden y la atención. Dentro de un aula hay que remarla mucho. Al mismo tiempo, esa voluntad democrática de la cámara parece eliminar jerarquías para subrayar que no se puede abordar el fenómeno educativo sin escudriñar el detalle, porque los chicos se expresan con todo el cuerpo y cada uno soporta una mochila pesadísima. El profesor François Marin (François Bégaudeau) coordina un grupo multiétnico de alumnos, desafío que la escuela tradicional aún no sabe cómo encarar.

La identidad. ¿Cómo definir la identidad en medio de esta ingobernable confluencia de culturas, razas y crianzas? Porque ahora a las dolencias típicas de la adolescencia y las diferencias de clase social se suman los cambios aceleradísimos de la globalización, la crisis de la familia, la dificultad de proyectar a futuro y tantas otras problemáticas que atraviesan de punta a punta Entre los muros. Frente a este panorama, lo único que puede hacer el profesor -y el film lo acompaña en su acto de fe- es ponderar el rol de la palabra. François enseña francés y todo el tiempo estimula la participación, aunque esto lo exponga a las agresiones de Souleymane, la retórica contestataria de Esmeralda o los reproches paranoicos de Khoumba. Pero la palabra también revela y les permite a los chicos narrarse, por ejemplo, en el ejercicio del autorretrato que el maestro les encarga. Así descubrimos que Wei (de origen chino, el mejor alumno) se ve a sí mismo como un muchacho aislado y solitario, o comprobamos que el fútbol es una de las pocas cosas que todavía despierta interés en muchos (esa discusión sobre equipos africanos bien podría abrirse a otras resonancias histórico-políticas. ¿Por qué no aprovechar la pasión futbolera para el aprendizaje?). Y si la comunicación falla, como ocurre con los padres que no hablan francés, es porque la lengua nos recuerda su papel imprescindible dentro de la trama social. La palabra sigue siendo un puente.

Los docentes. Mientras los diálogos con los chicos son frescos e imprevisibles, los debates entre docentes encaran cuestiones concretas en búsqueda de soluciones. Pero si ni siquiera logran coincidir a la hora de elegir un mismo libro que sea útil para dos materias (pequeña y genial charla entre el protagonista y el profe de Historia), será mucho más difícil ponerse de acuerdo en los asuntos delicados, especialmente en el terreno de la disciplina. Discuten premios y castigos; confirman que la violencia y la apatía crecen; se multiplican los dilemas morales. En el caso de Souleymane (originario de Mali), todo indica que hay que sancionarlo, quizás expulsarlo. Para contrastar su actitud insolente, Cantet incluye esa hermosa secuencia en la sala de computación, en donde François elogia al chico porque su autorretrato es el más creativo de todos, ya que a su texto agregó una serie de fotografías que ilustran su vida. Es el único momento en donde percibimos una sonrisa feliz en Souleymane y uno se pregunta si alguien alguna vez valoró algo en él. ¿Cómo proceder, entonces? Porque los docentes tampoco pueden hacerse cargo de una realidad que los excede, ni es posible trabajar sin mínimas normas de convivencia. Todo es muy complejo. Algunos ya están hartos de la escuela, la mayoría la pilotea como puede, una profesora celebra su embarazo. El mundo sigue su curso.

Henriette. Hacia el final del film somos testigos de la última clase del año. En un clima relajado, cada alumno hace un balance y comenta algún tema aprendido durante el ciclo lectivo. Toca el timbre, los chicos saludan al profe y se van contentos. Pero una morenita se queda. Tímidamente se acerca a François para decirle que ella no cree haber aprendido nada. “No comprendo lo que hacemos”, asegura Henriette y sus ojos lo dicen todo: quiere dejar de estudiar. Por algún motivo que sólo podemos intuir, la muchacha no le encuentra sentido al esfuerzo. La tristeza de su mirada es un llamado de atención de Cantet, aunque esto signifique terminar la película con un tono gris, amargo. Esa es su firma política final, urgente. De qué sirven los libros si esa nena probablemente ignora lo que es sentir el calor de un abrazo.

Hoy no hace falta ser idealista para recibirse de romántico. Alcanza con confiar un poquito en el ser humano. La última frase de la película se pronuncia mientras docentes y alumnos juegan un partido de fútbol como despedida del año. Es un cántico de aliento, un clamor alegre, un deseo:

“Tous ensemble!” - ¡Todos juntos!
“Enseñar es más difícil que aprender. Se sabe esto muy bien, más pocas veces se lo tiene en cuenta. ¿Por qué es más difícil enseñar que aprender? No porque el maestro debe poseer un mayor caudal de conocimientos y tenerlos siempre a disposición. El enseñar es más difícil que aprender porque significa: dejar aprender. Más aún: el verdadero maestro no deja aprender nada más que “el aprender”. Por eso también su obrar produce a menudo la impresión de que propiamente no se aprende nada de él, si por “aprender” se entiende nada más que la obtención de conocimientos útiles. El maestro posee respecto de los aprendices como único privilegio el que tiene que aprender todavía mucho más que ellos, a saber: el dejar-aprender. El maestro debe ser capaz de ser más dócil que los aprendices. El maestro está mucho menos seguro de lo que lleva entre manos que los aprendices. De ahí que, donde la relación entre maestro y aprendices sea verdadera, nunca entra en juego la autoridad del sabiohondo ni la influencia autoritaria de quien cumple una misión. De ahí que siga siendo algo sublime el llegar a ser maestro, cosa enteramente distinta de ser un docente afamado. Es de creer que se debe a este objetivo sublime y su altura el que hoy en día, cuando las cosas se valorizan solamente hacia abajo y desde abajo, por ejemplo, desde el punto de vista comercial, ya nadie quiera ser maestro”. Martin Heidegger (3)


Citas:

1. Ranciére, Jacques, citado por Frodon, Jean-Michel en "Familia política", en Cahiérs du Cinéma Nº 604 (Septiembre 2005)
2. Rossellini, Roberto. Un espíritu libre no debe aprender como esclavo. Escritos sobre cine y educación. Barcelona, Paidós, 2001
3. Heidegger, Martin. ¿Qué significa pensar? Buenos Aires, Editorial Nova, 1964.

domingo, 19 de abril de 2009

Un mundo volátil

Hoy nos dejó el escritor británico J. G. Ballard.

Lo que sigue es una serie de ideas elegidas de una entrevista realizada al escritor en 2004 por Alfredo Rosso.*


"Tengo 74 años, así que puedo hacer profecías con tranquilidad, convencido de que no voy a estar aquí para ver que se cumplan. Creo que al mundo le espera una época bastante brava. Me preocupa por mis propios hijos y por mis pobres cuatro nietos. Me preocupa mucho. Pienso que les espera un mundo donde todo va a ser bastante azaroso, bastante volátil. Nada será claramente previsible. Yo nací en 1930 y sobreviví a la Segunda Guerra Mundial. Sobreviví a las dos pesadillas mayores que la raza humana haya creado: la Alemania nazi y la Rusia stalinista. Ahora bien, esos dos terribles eventos al menos se discernían claramente. Sabíamos quién era el enemigo, ya fuera de la derecha o de la izquierda."

"Con el colapso del comunismo a principios de los años ’90 y la caída del muro de Berlín entre Europa occidental y oriental, ya no sabemos quién es el enemigo. Incluso un gobierno como el que tiene hoy los Estados Unidos se comporta de una manera casi irracional, por ejemplo con la guerra en Irak. No está consiguiendo lo que se propuso conseguir. Pero ahora, con su reciente reelección, Bush se sentirá respaldado para embarcarse en más aventuras de este tipo, desestabilizando así la totalidad de Medio Oriente, cuando su objetivo original era precisamente lo opuesto: traer estabilidad a la región. Si una organización tan poderosa y llena de gente muy inteligente como el gobierno de Estados Unidos puede comportarse de una manera tan irracional, ¿qué se puede esperar del resto?"

"Creo que los padres enfrentan un mundo difícil, porque los chicos hoy día se ven bombardeados desde una edad muy temprana con una publicidad y un estilo de vida orientados exclusivamente al entretenimiento, donde las decisiones más importantes son qué clase de jeans o qué marca de zapatillas te comprás y cuál es la última moda. Y esto lo viven ya desde los cinco años de edad. Los chicos respiran el aire de esta cultura del entretenimiento y viven en una especie de gran salón de juegos o parque de diversiones, con luces brillantes que los bañan todo el tiempo. Los padres, en este contexto, no tienen ninguna oportunidad. Es muy difícil".

"Hay mucha gente hoy día a la que le gusta estar aislada del resto de la sociedad y que no siente la necesidad de ningún tipo de interacción con sus vecinos. Simplemente les gusta estar solos. No sé, quizás estemos evolucionando hacia un nuevo tipo de comunidad".

* Fragmentos de una entrevista publicada en el blog MundoRosso.

viernes, 17 de abril de 2009

¿Qué significa ser un artista, hoy?

“Como hombre y como ciudadano me interesa todo lo que sucede en nuestra sociedad. El mundo es cada vez más complejo y creo que esto hay que pensarlo, hay que reflexionar sobre esto. El cine es una herramienta que puede ser utilizada para pensar el mundo.”

“La cotidianidad de la gente me apasiona y por eso me gusta darle la palabra a gente que no tiene la oportunidad de hablar.
Me atrae mucho lo real porque puede proveernos de millones de guiones de películas de ficción.”


Lo dijo Laurent Cantet, en una entrevista publicada ayer en el diario Página/12.

Su película Entre los muros es excelente, sin dudas una de las mejores del año. Volveremos sobre ella en breve, pero no dejen de verla.

miércoles, 15 de abril de 2009

El asaltante, de Pablo Fendrik

Contradicción: querer hablar de una película y tener que reprimirse.

No conviene saber nada de El asaltante antes de pisar la sala, salvo las referencias mínimas: es la opera prima del argentino Pablo Fendrik y el protagonista es Arturo Goetz. Si usted ya leyó de qué trata el film o de qué va el asalto en cuestión, pues lo siento, porque le han robado parte del disfrute. Échele la culpa al periodismo o al desbocado director, que en las entrevistas difundidas fue el primero en delatar el punto de partida de su historia. Hay películas que deberían ser envasadas al vacío para que nada de ellas se filtre hacia el exterior mediático y buchón. Alcanzarían el título de la obra, el autor y una etiqueta que certifique su calidad. Hete aquí la paradoja: para saber que es una buena película, alguien tuvo que verla antes y confirmarlo. ¿Y quién hace eso si no es un crítico cumpliendo su función? En fin…

El asaltante no es la octava maravilla del mundo, ni tiene una anécdota súper original, ni una vuelta de tuerca rebuscada que nos deje anonadados. Nada que ver. Es sólo que para entrar en el juego uno debe permitirse seguir al protagonista y espiarlo por encima de su hombro, sin tener mayores prevenciones que él frente a las estrategias en marcha. La cámara se acota a su silueta y si reconocemos los espacios es porque hay tímidas ráfagas de aire que se escapan del encuadre. Titubeamos, vamos rezagados, casi todo el tiempo estamos en ascuas, mientras el personaje no hace nada para invitarnos a su raid. No necesita testigos. Sin embargo, por qué será, algo en él nos importa.


La película es "una agradable viñeta", afirma en su web el crítico norteamericano Neil Young, “but what's the point?”

El punto es: esto es cine. Una tajada de realidad cargada de sentido. Un cuento cotidiano que podría protagonizar cualquier vecino. O uno mismo, por qué no. Al fin y al cabo, es el relato de un límite.


El asaltante se exhibe en el flamante complejo ArteCinema, ubicado en Salta 1620 (Constitución). Las condiciones de proyección son muy buenas. Ojalá el proyecto logre cultivar un público propio, ya que la idea es dedicar esas pantallas a películas que las salas comerciales suelen ignorar.

martes, 14 de abril de 2009

"¿Qué le habrán hecho mis manos?
¿Qué le habrán hecho,
para dejarme en el pecho
tanto dolor?"


Homero Expósito

(Naranjo en flor)


lunes, 13 de abril de 2009

Wolke Neun, de Andreas Dresen

Dirigido por Andreas Dresen, este film alemán se estrenó en salas con el título Nunca es tarde para amar. La expresión suena a consuelo de tontos, de esos que suelen cerrar una charla en la que una persona a punto de resignarse recibe de un amigo la última palabra de esperanza, pronunciada con afecto pero nulo convencimiento. Una palmada en la espalda y hagamos de tripas, corazón.

Porque parecería ser que cuando ya pasamos casi todas estaciones y nos acercamos a la terminal, la opción lógica es poner el piloto automático y no esperar nada más. Así se lo ve a Werner (Horst Rehberg) en su rutina: un buen baño, una copa de vino blanco frente al televisor, los mimos de rigor de Inge (Ursula Werner), su mujer desde hace treinta años. Disfruta de las pequeñas cosas por costumbre, sin creer que exista un más allá. Si viaja en tren, Werner es de los que prefieren leer antes que mirar por la ventana. En cambio Inge no puede sostener la vista en un libro porque el paisaje la distrae y todavía la sorprende, aunque todo se reduzca a contemplar los girasoles en su eterna persecución de un rayo de luz.

Una mañana Inge conoce a Karl (Horst Westphal) y se enamora. En la película las ventanas siempre están abiertas de par en par. No hay zona del cuerpo que no aparezca iluminada, porque no hay arrugas que esconder ni pudores que aplacar. Ambos son ancianos y están felices de serlo. El sexo entre ellos es muy bueno pero es solo la consecuencia de algo más grande y más atípico: el entusiasmo, el brillo en los ojos, esa nube de la que habla el título original. Es reírse por el solo hecho de estar vivo, como esa carcajada maravillosa que Inge lanza durante un desayuno mientras su marido apenas comprende la broma.

La puesta en escena de Dresen despliega la historia con una naturalidad apabullante, sin desviar el foco de lo real de los cuerpos y de lo que fluye entre ellos: la pasión, la culpa, la ternura. Y aunque no todo será color de rosas, lo que inunda de belleza las imágenes de Wolke Neun es la necesidad de honrar el vitalismo con los gestos románticos más simples. Inge y Karl confirman que las mariposas nunca se fugan del estómago. Solo es cuestión de despertarlas si estamos dispuestos a correr los riesgos, ya que sabemos que en su tramposo aleteo tanto pueden elevarnos al cielo como hacernos sangrar.

sábado, 11 de abril de 2009

"La vida es muy inexplicable..."

Adolfo Bioy Casares, en diálogo con Jorge Urien Berri *

- ¿Por qué escribe?

- Uno empieza a escribir porque le gusta, nada más. Y después tiene la revelación de que escribir da sentido a la vida. Además, da mucha fuerza. Pienso que hasta las cosas desagradables que me pasan, si son interesantes, se transforman en algo grato porque me permiten escribir y contarlas. Me pregunto si no seré un maniático de la literatura, porque a todo el mundo le digo: "Trate de escribir, va a ver qué bueno que es". Porque creo que lo fortalece a uno. La vida es muy inexplicable… tenemos una conciencia, tenemos sueños, tenemos una verdadera vocación de inmortalidad y el cuerpo tiene una verdadera vocación de mortalidad y está continuamente mostrándonos nuestra decadencia, cómo nos vamos deshaciendo y perdiendo. Entonces, si no hay esa posibilidad de descubrir cosas y analizarlas…

- ¿Escribir es vivir otras vidas?

- Es como tener otra vida, puede ser. Otra vida hecha con la misma vida. Agregamos cuartos a nuestra casa. A veces, a las casas de los demás. Alguna vez dije que para soportar la historia contemporánea lo mejor era escribirla. Con la vida tal vez pasa algo así. Quiero decir que si no tuviéramos el consuelo de comentarla, la vida sería más dura. Los comentadores tenemos esa suerte de ocupar nuestro pensamiento, que con la imaginación, la crítica, la ironía y el patetismo nos da siempre otros jardines para pasear y estar tranquilos.

- ¿Así se da sentido a la...?

- No, el sentido de la vida me parece que es vacío.

- ¿Porque no hay nada después de la muerte?

- Porque no hay nada después y todo se borrará.

- ¿Esto no le da más valor a la vida, el hecho de que todo se juega aquí?

- Estoy seguro de que le da un valor para jugarla decorosamente y no ser nunca inescrupuloso ni agarrar un puesto público y ser ministro y tratar de que el otro deje de ser ministro. No, porque la vida es corta.


* Fragmento de una entrevista publicada en el suplemento ADN del diario La Nación, el sábado 28 de febrero de 2009.

jueves, 9 de abril de 2009

Raro asunto

Raro asunto la vida: yo que pude
nacer en 1529,
o en Pittsburg o archiduque, yo que pude
ser Chesterton o un bonzo, haber nacido
gallego y d’Ors y todas estas cosas.
Raro asunto
que entre la muchedumbre de los siglos,
que existiendo la China innumerable,
y Bosnia, y las cruzadas, y los incas,
fuese a tocarme a mí precisamente
este trabajo amargo de ser yo.

Miguel d'Ors

miércoles, 8 de abril de 2009

Muros

Por Tomás Abraham* (fragmento)

"El discurso de la guerra entre razas cambia su orientación con el ascenso de la burguesía. La aristocracia decadente pensaba a la guerra como enfrentamiento entre campos antagónicos, choque entre pueblos, la guerra como conflicto entre fuerzas exteriores. La burguesía del siglo pasado pensará la guerra en términos civiles y problemas interiores a la sociedad. Se habla de los enemigos internos. El enemigo no es el extranjero ni el invasor sino el peligroso, aquel que posee la virtualidad de afectar el orden social. La noción de peligrosidad señala el pasaje de lo virtual a lo efectivo en el sistema de las amenazas. El colonizado o nativo, el loco, el criminal, el degenerado, el perverso, el judío, aparecen como los nuevos enemigos de la sociedad. La guerra se concibe en términos de supervivencia de los más fuertes, más sanos, más cuerdos, más arios. Es la guerra pensada en términos histórico-biológicos".

*Prólogo del libro Genealogía del racismo, de Michel Foucault. (Editorial Altamira, Buenos Aires, 1996)
Cable a tierra

Si estás entre volver y no volver
si ya metiste demasiado en tu nariz
si estás como cegado de poder
tira tu cable a tierra.

Y si tu corazón ya no da más
si ya no existe conexión

con los demás
si estás igual que un barco en altamar
tira tu cable a tierra.

Y yo estoy acercándome hasta vos
bajo la luna, bajo la luna.

Las cosas son así,
tengo el teléfono del freak
que está deseoso de volarte la cabeza.

En un par de minutos sale el sol
si ya no hay nada que anestesie tu dolor
si no llegás, si no alcanzás a verme
tira tu cable a tierra.

No creas que perdió sentido todo
no dificultes la llegada del amor;
no hables de más, escucha al corazón
ese es el cable a tierra.

Fito Páez

lunes, 6 de abril de 2009

BAFICI 2009 - Última parte

Encierros

Todo festival de cine representa una extraña tómbola en donde nunca sabemos qué nos puede tocar. Creo que este año tuve suerte y fueron sólo una o dos las películas que me provocaron genuino fastidio. Pero, claro, es absolutamente minúsculo el porcentaje de lo que vemos en relación a lo que se exhibe, y es mucho más escaso el tiempo para resumir y reseñar todas las sensaciones. Tampoco sé por qué algunas ideas prenden más que otras, pero debo admitir que desde hace días mi percepción reproduce ciertos espasmos de asfixia, como si al cine de hoy sólo le preocupara certificar que el ser humano no tiene escapatoria. Angustia, agobio, incertidumbre: en la pareja (Everyone else), en la maternidad (The blessing), en la dictadura (Tony Manero), en la protesta política (Hunger), en la paranoia de la tecnología audiovisual (Afterschool), en los celos (Hooked), en el duelo (March), en la amistad (Old Joy). Es tan solo un recorte -arbitrario, desde ya- poblado de títulos tan interesantes como perturbadores, en el que también se insertan las dos películas que comento a continuación: Parque vía y René.



Parque Vía es la clase de film que se disfruta más a posteriori que durante la proyección, y no porque el relato se padezca, al contrario, sino porque en la primera impresión se cuelan los inevitables aromas de las influencias que atentan contra la frescura de la obra. Uno recuerda la parquedad de Jaime Rosales y el riguroso distanciamiento de Carlos Reygadas, cuya tendencia a la gravedad también contagia por momentos -y lamentablemente- esta película dirigida por Enrique Rivero. El protagonista es Beto (Norberto Coria), anciano que lleva treinta años trabajando para una familia rica de la Ciudad de México, y que pasó la última década como casero de una mansión en venta, un confinamiento al que él se acostumbró y del cual ya no puede salir. Beto se marea y aturde cuando enfrenta la calle, y su contacto con el mundo exterior se limita a los noticieros televisivos, empeñados en difundir las más insólitas tragedias. El hombre limpia una ventana, compra tamales calientes a un vendedor callejero, llama a su acompañante de cama para la visita semanal: el tempo preciso y la impecable composición del encuadre hacen que lo rutinario se vuelva fascinante.

Minimalismo elegante para mostrar cómo el sujeto actual elige recluirse para evadir la (¿construida?) hostilidad del afuera. Pero hay en Parque vía cierto mecanicismo que parece estar convirtiéndose en sistema, en cliché, en estas ficciones que abordan el vacío existencial (casi un género con entidad propia). Aunque la ecuación alienación = arrebato homicida sea totalmente verosímil, a veces esa fórmula se torna puro efecto y solo sirve para forzar la “universalidad” -y el gancho festivalero- de este tipo de historias. El opaco personaje merecía menos determinismo y mayor espacio para las especificidades de su drama personal. Creo que también faltó un poco de cariño.

Más allá de los reparos, el film obliga a pensar cómo ciertas condiciones de vida en el mundo actual transforman al sujeto en una criatura dependiente del encierro, tal como le ocurrió a René Plásil, protagonista del último documental de Helena Třeštíková, realizadora checa a quien el festival dedicó una retrospectiva. Foucault se haría un festín con René, la saga de un muchacho que entró a la cárcel por primera vez a los 17 años y luego atravesó infinitas liberaciones y reingresos en diferentes instituciones, dado que el delito en él era casi una necesidad fisiológica y nunca pudo armarse una vida fuera de la prisión. O era al revés: robaba para que lo atraparan, porque la cárcel era el único lugar donde se sentía contenido, sobre todo cuando empezó a ser famoso y su identidad se forjó a partir de las reincidencias compulsivas. Biopoder en su más prístina expresión.


Ser alguien, ser único en algún sentido, trascender... ¿no es lo que deseamos todos? René subió la apuesta hasta volverse la “parodia de un criminal”, como él mismo se califica. Lúcido, querible, contradictorio, por momentos siniestro, el personaje no puede completarse sin ese otro lado que inevitablemente lo cincela, la mirada de una mujer que lo acompañó veinte años intentando desentrañar su lógica imposible. Plantearse el retrato de un solo hombre extendido durante dos décadas ya es un desafío extraordinario, y eso es lo que define el estilo de Třeštíková, especialista en documentales de observación a largo plazo, en los que la épica individual se fusiona con la Historia, la del país (Checoslovaquia, en este caso) y la de un período bisagra para la política (es todo un símbolo que el relato comience en 1989).


Los signos del cuerpo narran el paso del tiempo, sin maquillajes. Una mente subversiva que muta y delata cuán difícil resulta buscar cobijo en las ideologías. Un personaje realmente inasible por donde se lo mire, a tal punto que la misma directora parece renunciar a su obsesión por comprenderlo. Pero las palabras nacidas de la rasposa voz de René aún retumban y nos interpelan:

“¿Qué se puede esperar de una sociedad que construye espacios como éstos (las cárceles), que sólo te llevan a odiar más a la gente?”

“Nunca fui a la escuela. Me hubiera gustado, pero por algún motivo, no pudo ser…”.


Para René la libertad no existe, es solo una convención y “toda convención es inútil”. Porque, en el fondo, “es el miedo lo que hace que el mundo gire”.


Escribe Hannah Arendt en el prólogo de su ensayo Sobre la revolución: “la única causa que ha sido abandonada ha sido la más antigua de todas, la única que en realidad ha determinado, desde el comienzo de nuestra historia, la propia existencia de la política, la causa de la libertad contra la tiranía”. ¿Qué sucedió con nuestra urgencia de libertad? ¿Habrán logrado erradicarla?

Tal vez René tenga razón. Tal vez sea el miedo lo que finalmente nos moviliza como especie y no la libertad, como nos gustaría creer. La cuestión es que el mundo sigue girando y el problema es hacia dónde lo llevamos. Algunos dirán que plantearse esa inquietud es una condena. Prefiero pensar que es simple responsabilidad. Y voluntad. Y trabajo.

Finalizo acá la cobertura del Bafici.
Gracias por estar ahí.


Películas mencionadas:


Everyone else (Alle anderen/ Todos los demás), de Maren Ade (Alemania, 2008) – Sección: Competencia Oficial Internacional
The blessing (Velsignelsen/La bendición), de Heidi Maria Faisst (Dinamarca, 2008) – Sección: Competencia Oficial Internacional
Tony Manero, de Pablo Larraín (Chile, 2008) - Competencia Oficial Internacional
Hunger (Hambre), de Steve McQueen (Reino Unido, 2008) - Sección: Competencia Oficial Internacional
Afterschool (Después de la escuela), de Antonio Campos (EE.UU., 2008) – Sección: Cine del futuro
Hooked (Pescuit sportiv/Pesca deportiva), de Adrian Sitaru (Rumania, 2008) - Sección: Competencia Oficial Internacional
March (März/Marzo), de Andel Klaus (Austria, 2008) – Sección: Competencia Oficial Internacional
Old Joy (Vieja alegría), de Kelly Reichardt (EE.UU., 2006) – Sección: Retro Kelly Reichardt
Parque vía, de Enrique Rivero (México, 2008) - Sección: Competencia Oficial Internacional
René, de Helena Třeštíková (República Checa, 2008) - Sección: Foco Helena Třeštíková


Aquí encontrarán un artículo de nuestra crónica diaria, publicado ayer en Página/12.

jueves, 2 de abril de 2009

BAFICI 2009 - Cuarta parte


Mes petites amoureuses es una belleza de Jean Eustache. Una película entretenida, cálida, generosa.

En un pueblito de Francia vive Daniel (Martin Loeb), adorable púber que tiene todo por delante, aunque su prioridad ahora es controlar las hormonas. Creció mimado por su abuela, que lo despierta cada mañana con un tazón de leche y pan con manteca. Hasta que un día debe mudarse con su arisca madre a otro pueblo, donde habrá menos libertad y la obligación de aceptar ciertas reglas "adultas" mientras la curiosidad por las mujeres apremia. En el camino queda la infancia, ese período expansivo en el que uno aún no se formula demasiadas preguntas. Daniel conocerá muchachos un poco mayores que él y se irá fogueando en el arte de la seducción, si bien su principal escuela es el cine, en donde lo más osado que se consigue es un beso seco entre Ava Gardner y James Mason en “Pandora” de Albert Lewin. ¡Pero qué beso, por Dios! De allí en más, todo es tierra virgen a descubrir.

La película transmite felicidad pero también la gigantesca nostalgia por un mundo perdido, la época de los cuerpos vedados que había que conquistar con paciencia, cuando todavía había besos por robar a partir de decorosas estrategias. Hoy no hacen falta tantas volteretas: todo se regala. Hoy, sin intimidad, con la sexualidad expuesta y reducida a imágenes sin misterio que abarrotan la televisión y la web, ya no hay espacio para una suave fábula de iniciación como la de Daniel. (¿Recuperaremos algún día el cultivo de esos eléctricos momentos previos?)

¿Por qué el film tenía que terminar? ¿Por qué no decretan que ciertas películas duren para siempre? Justo hoy, día de lluvia y de duelos en la ciudad, necesitaba que esta película continuara. Necesitaba más luz del sol y más amor. O de eso que viene antes del amor, esos temblores primarios colmados de timidez y ansiedad, cuando el deseo aún no está viciado de desconfianza ni de especulaciones pragmáticas. Pero somos grandes y venimos golpeados. Y sabemos que esos veranos no vuelven.


Mes petites amoureuses, de Jean Eustache (Francia, 1974) - Sección: Retro Jean Eustache