domingo, 25 de enero de 2009

El sustituto, de Clint Eastwood

Sin recurrir a fórmulas habituales como “basado en” o “inspirado en” hechos reales, El sustituto (Changeling) arranca con una leyenda más escueta y soberbia: “A true story” (una historia verdadera). Aunque uno sabe perfectamente que siempre existe un margen de recreación cuando se relata un suceso que ocurrió en el “mundo real” (por ponerle un nombre), en el film de Clint Eastwood el dato de que la historia es verídica tiene efectos muy extraños sobre la recepción. Se hace muy difícil creer muchas de las situaciones que narra la película, y no porque pensemos que esos hechos resulten más propios de la fantasía que de la realidad, sino porque a veces a esa misma realidad se le antoja imponerse sobre cualquier verosímil con una extravagancia que excede a la comprensión del arte (algo de esto comenté hace un tiempo en la reseña de Red de mentiras).

Esto es lo que ocurre con el caso de Christine Collins (Angelina Jolie), una habitante de Los Angeles que en el año 1928 sufrió el secuestro de su hijo Walter. Meses después de la desaparición, la policía de la ciudad anunció que lo había encontrado y entregó a Christine un chico que en verdad no era Walter. La mujer reclamó, pero las autoridades habían montado un simulacro para limpiar su imagen: en una época oscura signada por el reinado del crimen organizado, la policía necesitaba convencer a la opinión pública de que su trabajo era efectivo, afirmando que el hallazgo del pequeño Collins fue producto de su esfuerzo. Y esto fue apenas el comienzo: todo lo que vino después resultó todavía peor para la protagonista.

La odisea de esta madre conjuga una serie de eventos demasiado siniestros como para que el espectador les otorgue crédito plácidamente, a menos que el narrador acierte con total precisión en la forma elegida para presentarlos. Eastwood no cumple con el cometido. Específicamente, no logra que las terroríficas derivaciones de la anécdota original se mantengan dentro de las vallas del lustroso realismo de qualité con el cual el director decidió trasladarla al cine. Lo curioso de Changeling es que el carácter extraordinario de la historia consigue atraer a pesar de los desajustes en la realización, a tal punto que la película parece funcionar mejor como una entretenida crónica periodística (morbo incluido) que como la cabal obra cinematográfica que uno espera de un autor de la talla de Eastwood.

¿Cuál es el problema principal? La afectación. La sensación concreta de que continuamente algo se interpone entre el espectador y el hueso del drama, ya sea por culpa de la alambicada fotografía, o de las interpretaciones fuera de registro, o de las forzosas contorsiones de una puesta en escena dubitativa que ensaya diversos tonos para dar con el indicado, sin éxito. Son muchos los temas de importancia que atraviesan el film, como la crisis económica de los años ’30 en Estados Unidos, la lucha de una madre soltera en una sociedad machista, la corrupción policial, las vejaciones al género femenino, el poder de las instituciones disciplinarias y el dilema de la pena de muerte, entre otras cuestiones. Había mucha tela para cortar en El sustituto, y de la buena. Pero Eastwood optó por una impostación estilística que termina aniquilando toda espontaneidad, y así es como durante la proyección uno entra y sale todo el tiempo del universo narrado, sin que podamos involucrarnos por completo y sin confiar en cuánto hay de cierto y cuánto hay de sobreactuado en lo que la pantalla nos muestra.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Sí, ahí está lo que no encontré como explicar en mi comentario anterior: la impostación, es cierto, es lo que le quita el mérito a esta realización de Clint.

mge dijo...

"La sensación concreta de que continuamente algo se interpone entre el espectador y el hueso del drama"

Es cierto, eso se siente. De todos modos, la película me gustó (y eso que me había jurado no volver a ver una película de Eastwood) Para mí, Clint es sinónimo de golpe bajo, más allá de que sepa dirigir. Pero bueno, al menos ya nadie puede decir que Angelina Jolie es sólo una cara bonita.

Asombra ver cómo evolucionó el cine desde lo estético. Tanto que, a veces, cuando uno está mirando una película más "desprolija" siente que algo falta. Imagino que tendrá que ver con la omiprescencia de la imagen de la que habla Almodovar en el post del 9 de enero.

Saludos!

Caro dijo...

Martín: cuando hablás de "evolución desde lo estético", entiendo que te referís principalmente al tratamiento visual (la composición de la imagen). Bueno, justamente lo que se pregunta Almodóvar es si hay verdadera "evolución" cuando el director relega el contenido. Y más allá de la siempre cuestionable separación entre "forma" y "contenido", creo que el caso de Changeling es el de una obra tan concentrada en pulir la superficie que se olvida de la naturalidad de las acciones dentro del plano (de allí que algunas actuaciones parezcan fuera de registro, desentonando con el clima general del film).

En cuanto a Clint, a mí me resulta un autor más que atractivo. Fijate que aunque esta es una película fallida, ha generado discusiones piolas entre críticos y espectadores, y eso ya vale la pena. El problema es que ideológicamente Clint parece demasiado desorientado (ojo, todos lo estamos en cierta medida); se hace preguntas que resultan un tanto contradictorias, y así las lleva al cine, un poco revueltas. Todo esto vuelve en Gran Torino, que es mucho mejor que Changeling pero también me generó dudas.
Saludos.